Itinerario

Ir de un lugar a otro. Siempre. Con los sentidos, los amigos, los juegos, los amores, nuestras alegrias. Vale la pena.

Nombre: Sergio
Ubicación: Argentina

martes, mayo 31, 2005

Diario de viajero

Impreso en un papel, que no me queda.
Con la tinta ausente en cien pulgares
como irrepetible huella que no pierde,
ninguna línea... aunque desangre.
Tengo el gesto impuesto en los papeles,
y ninguno llena formularios.
Tengo en cada mano, sellos de la suerte
que desaparecen sin poder usarlos.

Impregnando huellas dactilares
en los herederos de mis decisiones.
Y terror al "error en indeleble",
remendado por cepas de mis nones.
Descompaginado, a fuerza bruta
que arrancó los párrafos centrales,
acomodo el cuerpo como puedo
en mis diez abismos digitales.

Identificando - como siempre-
el papel histriónico, impermeable,
que desluce póstumos tributos
que son mas sentidos, que reales.
Descontexto el resto del pasado
transcribiendo en todo sus mensajes,
y vuelvo a borrar lo que no tengo
sobre mis ausencias naturales.

martes, mayo 24, 2005

Calles de Poeta

Rosalía de Castro (María Resalía Rita)


Cuantas veces, pisamos la calle
conociendo el nombre, sin saber su historia
en que altura estamos, sin saber su altura
“relojes que repetimos eternamente lo mismo”.

De poesía salobre a paredes secas,
de grandes pesares a cordones fríos,
de carne y de hueso, a baldosas muertas.





Ben sei que non hai nada
Bien sé que no hay nada
novo embaixo do ceo,
nuevo debajo del cielo,
que antes outros pensaron
que antes otros pensaron
as cousas que hora eu penso.
las cosas que ahora yo pienso.

E ben, ¿para qué escribo?
Y bien, ¿para qué escribo?
E ben, porque así semos,
Y bien, porque así somos,
relox que repetimos
relojes que repetimos
eternamente o mesmo.
eternamente lo mismo.

martes, mayo 17, 2005

Kilometro 42




Feliz Cumpleaños. TE AMO.

lunes, mayo 02, 2005

Caminos para recorrer (V)


Antonio Machado

La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.

Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
—recordé—, yo he maldecido
mi juventud sin amor.

Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar...
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!

Caminos para recorrer (IV)


Gonzalez Tuñon

Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios
abandonados.
Otras veces cae con furia y uno piensa en los maremotos que se han
tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches y la lectura corre a su lado
por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de
nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos
visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los
ademanes y las palabras de ellos. Todo, todo ha desaparecido y
estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro
compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible
resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las ventanas y las
luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero
tan real; numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el
destino único.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea
del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa,
que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y
yo seamos dos sombras y todavía estemos pegados, juntos,
subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al
caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar
sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los
automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de
nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y
acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Intima,
recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.

Caminos para recorrer (III)


Amado Nervo

¿Quién es? -No sé: a veces cruza
por mi senda, como el hada
del ensueño: siempre sola...
siempre muda... siempre pálida...

¿Su nombre? No lo conozco.
¿De dónde viene? ¿Do marcha?
¡Lo ignoro! Nos encontramos,
me mira un momento y pasa:

¡Siempre sola...! ¡Siempre triste...!
¡Siempre muda...! ¡Siempre pálida!
Mujer: ha mucho que llevo
tu imagen dentro del alma.

Si las sombras que te cercan,
si los misterios que guardas
deben ser impenetrables
para todos, ¡calla, calla!

¡Yo sólo demando amores:
yo no te pregunto nada!
¿Buscas reposo y olvido?
Yo también. El mundo cansa.

Partiremos lejos, lejosde la gente, a tierra extraña;
y cual las aves que anidan
en las torres solitarias,
confiaremos a la sombra
nuestro amor y nuestras ansias...

Caminos para recorrer (II)


Miguel Hernandez


Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
todo es futuro fugaz,
pasado baldío, turbio.

Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,todo es postrero
polvo del mundo.

Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.

Caminos para recorrer ( I )


Federico Garcia Lorca

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita y pienso,
con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
Ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena noche
del alma para siempre oscura.